Que es, causas, consecuencias y cómo tratar este trastorno ansioso

Erra quien dice que el miedo es el mayor enemigo del hombre. Se trata de un sentimiento sano, de defensa y autopreservación, manifestado por el ser humano ante una situación de peligro real o imaginario. Cuando, sin embargo, se vuelve exagerado e irracional, puede traer problemas. Es ahí donde pasa a ser llamado de fobia.

De las fobias específicas – de barata, de serpientes, de altura, entre otras – la claustrofobia es de las más comunes. «Entre el 20% y el 25% de la población mundial tiene alguna fobia», explica Luiz Vicente Figueira de Mello, supervisor del programa de ansiedad del IPq. «La claustrofobia y la agorafobia, como se superponen, llegan a alcanzar del 4% al 5% de las personas.» La profesión hace la salvedad porque la diferenciación entre los dos conceptos es muy tenue y suele provocar confusiones: la claustrofobia es el miedo específico de lugares cerrados, de confinamiento, de no poder huir de determinado lugar. Se manifiesta más comúnmente en ascensores, metro y aviones, pero hay quien no consiga ni dormir con la puerta de la propia habitación cerrada. La agorafobia, a su vez, es el miedo a espacios abiertos, muy populosos, donde la persona piensa que va a pasar mal y no podrá ser socorrida.

Pero ¿qué define a alguien como, de hecho, portador de claustrofobia? ¿Qué diferencia lo diagnosticado de aquel que simplemente tiene miedo de algo? Al fin y al cabo, no raramente vemos a personas con miedo de ascensor, por ejemplo, pero que no son necesariamente claustrofóbicas.

Según Mello, esto ocurre cuando el problema pasa realmente a interferir en lo cotidiano, convirtiéndose en un factor decisivo a tener en cuenta cuando decisiones deben ser tomadas. «La fobia patológica hace que la persona rechaza una buena oportunidad de empleo porque tiene que andar en avión, por ejemplo, o con que prefiera subir varios pisos de escalera a coger el ascensor», comenta. «Es un pavor que interfiere en el día a día de la persona y que la paraliza, hace que pase mal cuando se queda ante la situación temida.»

En el caso de los claustrofóbicos, esta interferencia es recurrente. Y no sólo por el papel esencial que los ascensores cumplen en una ciudad llena de edificios, como San Pablo. Una investigación que el IPq está conduciendo con pacientes que tienen miedo de realizar un examen de resonancia magnética es un buen ejemplo: para hacer la resonancia, la persona es acostada en una camilla que se desliza hacia dentro de un tubo cerrado, donde permanece, en media, por 40 minutos. Encarar tres cuartos de hora enclaustrado en un espacio mínimo sin poder moverse es un verdadero desafío a quien sufre de claustrofobia.

En el otro lado de la balanza, sin embargo, está la importancia que un examen del tipo tiene en la identificación de tumores, enfermedades degenerativas, coágulos y traumas. Una situación de gran dilema para los claustrofóbicos.

Y las consecuencias ocasionadas por el trastorno no son sólo psicológicas. El sentimiento de miedo es acompañado por los llamados síntomas autonómicos – síntomas determinados por el sistema nervioso autónomo. Los cambios en la frecuencia cardíaca, falta de aire, sudoración intensa, extremidades frías, boca seca, entre otros del tipo, pudiendo llegar a crisis de pánico o desmayo en algunos casos.

Origen del problema

Los motivos que llevan a una persona a ser claustrofóbica pueden ser varios, pero lo más curioso es la implicación del tema con una tendencia filogenética. «Se cree, hoy, que la selección natural ha hecho que seleccionámos miedos y los transformáramos en memorias que dicen lo que debemos y no debemos temer», cuenta Mello. «La claustrofobia está incluida en esto: en ciertos momentos de la evolución, si alguien se quedara atrapado en una cueva, moría.

ReproducciónPor causa de eso, hay personas con el equipaje filogenético que las hace un fóbico potencial. Si dos individuos sufren un accidente de ascensor, el que posea ese equipaje puede desarrollar claustrofobia por el trauma y el otro, que vivenció la misma experiencia, continuar sin miedo.

Pero el trastorno puede surgir del aprendizaje con la propia familia. Las personas son educadas a quedarse fóbicas. Una madre que tiene claustrofobia y, en todo momento, evita el ascensor, o se asusta cuando entra en uno, transmite ese miedo a su hijo, pasa la idea de que el ascensor es peligroso, y su niño puede tener el mismo problema .

Tratamiento

Mello explica que, ante una claustrofobia pura -que no está acompañada por otros trastornos como depresión y pánico- el tratamiento ideal es la psicoterapia conductual cognitiva. «El paciente es expuesto progresivamente al miedo con la ayuda de un profesional», dice. En primer lugar, se hace una exposición a la imaginación, donde el profesional conduce a la persona a imaginarse dentro del ascensor, pensar en cómo ella se sentía. «La gente usa fotos y emuladores para ayudar. Es muy común que los fóbicos ni quieran imaginar esas cosas, ellos tienen mucha dificultad para eso «, comenta Mello. Más tarde, cuando está preparada, la persona es llevada al ascensor, acompañada por el profesional, de manera progresiva y repetitiva. Ella termina enfrentando el ascensor y automatizando la costumbre de cogerlo.

Reproducción La continuidad de la exposición al miedo tratado, sin embargo, debe ser constante. Los comportamientos evitados mantienen la presencia de los síntomas fóbicos, pues no experimenta las consecuencias del contacto con lo que teme, en general más tranquilas de lo que él se imagina. «Si usted fue tratado de claustrofobia, mejoró, extinguido el miedo, pero se quedó años sin entrar en un ascensor, cuando de repente tiene que usar uno puede tener una recaída. El ejercicio debe ser continuo. La persona necesita convivir con el miedo que ha sido tratado, o todo puede volver.

La red de atención del SUS (Sistema Único de Salud) ofrece, en hospitales públicos, puestos de salud y ambulatorios, atención psiquiátrica y psicológica. Estos servicios pueden ser buscados directamente por la población en los lugares más cercanos a sus residencias. El Ambulatorio de Ansiedad del IPq está restringido a usuarios que ya han sido atendidos por profesional habilitado y se presentan con un envío por escrito, incluyendo diagnóstico probable.

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